Una ciudad educadora es aquella que va más allá de sus
funciones tradicionales. Es aquella que tiene como principio y responsabilidad
la educación de sus sujetos, haciéndose parte integrante del proceso de
enseñanza y aprendizaje de sus habitantes posibilitando la formación de todas
las personas de niveles y edades diferentes, facilitando la construcción del conocimiento ambiental.
Es necesario aumentar la consciencia sobre las relaciones que existen entre las actividades humanas y el medioambiente, creando espacios para la participación efectiva de la comunidad y promoviendo acciones que integren el ejercicio de la ciudadanía ambiental con la identidad.
Por tanto, es necesario pensar en la relación entre la educación ambiental y la ciudad educadora, con el fin de integrar a sus habitantes de modo que: Aprendan en la ciudad (espacios ofrecidos); Aprendan sobre la ciudad (dinámica natural de sus acontecimientos); y Aprendan la ciudad (la ciudad se enseña a sí misma).
Cuando desarrollamos las actividades de Educación Ambiental, utilizamos la percepción del entorno con el cual estamos interactuando. La percepción está relacionada con nuestra capacidad de aprendizaje. Todo comportamiento depende del aprendizaje, es decir, las personas actúan y reaccionan porque perciben su mundo. Es un proceso de selección basado en la experiencia individual.
En nuestras actividades de Educación Ambiental, encontraremos poblaciones que presentan diferentes formas históricas de relacionarse con el medioambiente y diferentes necesidades en cada generación y entre diferentes generaciones.
En este contexto la Educación Ambiental representa un rol importante en la concientización, sensibilización y cambio de hábitos y actitudes de los individuos. Es importante que la ciudadanía se sienta involucrada con los problemas de sus barrios y de la ciudad, lo que es posible al atribuir a ésta su protagonismo y la atención de sus residentes, por medio del desarrollo de diversas acciones para mejorar su calidad de vida en los barrios y comunidades. Estas acciones buscan replantear su comportamiento hacia la preservación de los recursos naturales, la prevención de riesgos y accidentes ambientales, pero principalmente, el sentimiento de pertenencia e identidad con el lugar donde viven.
Sensibilizar la comunidad sobre los problemas ambientales
locales y globales, para que puedan comprender la importancia de actuar en
favor del medioambiente;
Siendo la Educación Ambiental un proceso político en su
esencia, teniendo como compromiso la formación de un sujeto crítico, ético, autónomo,
solidario y responsable, debemos considerar sus especificidades locales.
La metodología aplicada sigue los supuestos de los principios de Educación Ambiental:
Curitiba es la capital
del estado de Paraná, ubicada en la región Sur de Brasil. La ciudad posee
aproximadamente 1,8 millones de
habitantes, siendo así una de las más grandes y más desarrolladas del país.
La población de Curitiba es altamente diversificada, con una distribución por
franja etaria que incluye niños, jóvenes, adultos y personas mayores, reflejando
una ciudad con una población equilibrada y en crecimiento.
La economía de Curitiba es altamente diversificada, destacándose por los sectores de industria, comercio, servicios y tecnología. La ciudad es reconocida por su infraestructura moderna, planeamiento urbano eficiente e iniciativas sostenibles, además de ser un centro importante para el sector automotriz, metalurgia y de tecnología de la información.
Es una referencia nacional en el aspecto de planeamiento urbano e iniciativas ambientales, como: Gestión de Residuos Sólidos; Control y Cualidad del Aire; Agua y Recursos Hídricos; Preservación de Áreas Verdes; Biodiversidad; Cambios Climáticos; Educación Ambiental.
El área donde los proyectos de educación ambiental pueden ser aplicados, generalmente incluye barrios residenciales, parques, escuelas, instituciones. La población objetivo de estos proyectos suelen ser los niños, jóvenes, familias y comunidades locales, con hincapié en la concientización y en la promoción de prácticas sostenibles para la preservación del medioambiente.
La ciudad busca integrar aún más sus políticas ambientales con el desarrollo urbano, promoviendo una economía circular y energías renovables. La adaptación a los cambios climáticos, con acciones de resiliencia y reducción de vulnerabilidades, es una prioridad. La participación comunitaria y la participación social continúan siendo esenciales para el suceso de las acciones ambientales.
La evaluación ocurre de forma continua, principalmente
cuando hay un cambio de ciertos comportamientos de la comunidad.
Realizar reuniones regulares, utilizar indicadores de éxitos como cantidad de árboles plantados, residuos reciclados, participantes involucrados, registros fotográficos de las actividades, son instrumentos utilizados para evaluar resultados destacando los puntos positivos y negativos de las acciones, así como las dificultades encontradas.
Incentivar escuelas y comunidades a desarrollar sus propios proyectos, es otra forma de evaluación, pues a través de estos hay difusión de informaciones y consecuentemente multiplicadores.
PUNTOS FUERTES DEL PROYECTO
Concientización y
Cambio de Comportamiento: La educación ambiental ayuda a las personas a entender
la importancia de cuidar del medioambiente, incentivando actitudes más
responsables, como el reciclaje, el uso racional de recursos y la preservación
de áreas verdes.PUNTOS DÉBILES DEL PROYECTO