El Complejo Astronómico Municipal de Rosario (CAM), dependiente de la Secretaría de Cultura y Educación, es un referente en el cruce entre ciencia, arte y tecnología. Ubicado en el corazón del Parque Urquiza, frente al río Paraná y sus humedales, se ha convertido en un espacio identitário de la ciudad. Su historia comienza en 1970, con la inauguración del Observatorio Astronómico Municipal, concebido como un espacio de observación del cielo abierto a la comunidad. En 1984 se suma el Planetario "Luis Cándido Carballo", que rápidamente se transforma en un faro cultural y educativo de la región. Unos años después, en 1987, nace el Museo Experimental de ciencia, con la misión de ofrecer experiencias interactivas que acerquen la ciencia de manera innovadora. En este recorrido, programas como "Punto Edu" consolidan la vocación educativa y comunitaria del CAM, articulando la tarea con escuelas y docentes.
En este marco, hacia comienzos del 2022, surge un proyecto que busca integrar la tradición de mirar el cielo con la necesidad de poner los pies en la tierra. El primer paso fue la construcción de una muestra permanente en la planta baja del Planetario. Allí, donde antes había oficinas, se derribaron muros para abrir un espacio libre, accesible y dinámico, destinado a repensar cómo se construye el conocimiento científico desde un diálogo entre ciencia y cultura.
A partir de esa experiencia nace la propuesta de una huerta-laboratorio junto al predio del Observatorio Astronómico. Este espacio invita a desarrollar práctica que combinan la experimentación científica con saberes comunitarios y ancestrales, poniendo en juego el cuerpo y la relación armónica con al naturaleza. La astronomía cultural, la astronomía observacional y la biodinâmica se entrelazan para mostrar que los vínculos entre cielo y tierra han sido siempre parte de la vida cultural de los pueblos.
Con el tiempo, estas iniciativas encuentran continuidad en el sector "La ciencia hace ciudad" del re-inaugurado Museo Experimental de Ciencia, que amplía la mirada hacia la relación entre diversidade biológica y cultural. Así como la pérdida de especie y ecosistemas empobrece la vida, también lo hace la desaparición de tradiciones y saberes. Promover y proteger en conjunto ambas diversidades se convierte en un eje fundamental, articulando ciencia en un enfoque crítico, reflexivo y transformador.
De este modo, la muestra, la huerta y el museo no son experiencia aisladas, sino capítulos de un mismo relato. Un proyecto que articula historia e innovación, memoria y futuro, para seguir construyendo colectivamente nuevas formas de pensar y habitar el mundo.
Promover un diálogo de saberes: Generar un espacio de
intercambio entre el conocimiento científico, los saberes populares,
ancestrales y locales. Crear un espacio donde diferentes cosmovisiones
se encuentren para construir nuevos significados y soluciones
ambientales de manera colectiva.
Fomentar una visión no antropocéntrica: Cuestionar la visión que coloca al humano en el centro y promover una relación de armonía y equilibrio con la naturaleza (Pachamama), entendiendo a la humanidad como una parte integrante de un todo.
Funcionar como un espacio de educación y concientización ambiental: Utiliza la muestra y la huerta como un laboratorio vivo y escenario para tratar problemáticas ambientales críticas a través de recorridos por el espacio, talleres y cursos de capacitación, eventos y actividades para todo público, elaboración de material didáctico.
Recorre la tierra y el cielo, hacerse preguntas y construir posibles respuestas son cuestiones centrales de todo viaje de conocimiento. En ese espíritu, durante 2022 se dio un nuevo paso en el Complejo Astronómico Municipal de Rosario (CAM) con la creación de la muestra "Pisar la tierra, mirar el cielo", ubicada en la planta baja del Planetario. El espacio abrió la posibilidad de explorar, crear y experimentar a través de tres territorios.
El primero, Raíces del cielo, propone un intercambio de saberes en torno a distintas cosmovisiones, especialmente la de los pueblos originarios. Historias de comunidades de América resuenan en parlantes dispuestos na la sala, mientras una escultura chaná evoca la cosmovisión ancestral de al región del Paraná. El segundo, Lazos del cielo, invita a contemplar y crear constelaciones en un domo interactivo. Con una "varita mágica" provista de un led, las y los visitantes pueden trazar constelaciones de estrellas, nombrarlas y darles un relato, recuperando una práctica ancestral. Finalmente, Naturaleza insurgente propone un nuevo vínculo con la tierra: mediante un microscopio se explora el mundo micro y, a través de talleres y producciones audiovisuales, se reflexiona sobre los humedales y las quemas que afectan al Delta del Paraná.
Siguiendo estos caminos que buscan restaurar el vínculo entre sociedad y naturaleza, en el otoño de 2023 se inaugura un nuevo dispositivo cultural y educativo: la huerta laboratorio "Semillas cósmicas. Diálogo entre cultivo, ciencias y astros". Allí se articulan conocimientos de astronomía con prácticas agroecológicas y biodinámicas, integrando la mirada de la astronomía cultural -que rescata las interpretaciones del cielo de los pueblos originários- con investigaciones y tecnologías sustentables actuales. La huerta se convierte así en un lugar para poner el cuerpo, aprender de la naturaleza y experimentar nuevas formas de habitar el territorio.

En julio de 2025, el CAM suma un nuevo hito con la reapertura del Museo Experimental de Ciencias, renovando con diversas áreas que continúan esta linea de trabajo. Uno de sus espacios, "La ciencia hace ciudad", retoma y ressignifica la experiencia de la muestra y la huerta. Allí, una mesa redonda equipada con lupas y una lumínica permite observar texturas y colores de elementos vegetales provenientes de la huerta, estableciendo un puente entre los saberes de la tierra, las prácticas comunitárias y la experimentación científica.
De este modo, la muestra, la huerta y el museo se integran como capítulos de un mismo proyecto: "pisar la tierra, mirar el cielo". Un relato en el que la historia y la innovación se entrelazan para seguir construyendo colectivamente nuevas formas de pensar la ciencia y la cultura desde nuestro territorio.
Según los datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022, la ciudad de Rosario registró un crecimiento de 8,6% respecto al censo anterior (2010), ya que la cantidad de habitantes en viviendas particulares fue de 1.030.069. Esta población se distribuye en 19,4% con menos de 15 años, 66,7% entre 15 y 64 años y 13,9% con 65 o más años. Hasta los 14 años hay una mayor proporción de varones. En las edades siguientes, las proporciones de mujeres se van incrementando y llegan a superar en un 50% a los varones, en las edades más avanzadas (a partir de los 75 años aproximadamente).
La ciudad se constituye en cabecera de un conjunto de comunas y municipios que conforman una realidad urbano-rural con múltiples interdependencias, superando el 1.600.000 de habitantes, la población metropolitana.
La estructura productiva de Rosario y su área metropolitana está conformada por una multiplicidad de actividades que integran ramas agroindustriales tradicionales con tecnologías de información y comunicación, el sector de servicios y una industria alimenticia altamente competitiva.
Además, la ciudad está organizada en 6 distritos, cada uno de ellos dispone de un Centro Municipal de Distrito donde pueden realizarse trámites y actividades diversas.
En el corazón de la ciudad, dentro del Parque Urquiza y en el Distrito Centro, se ubica el Complejo Astronómico Municipal, un espacio único que integra planetario, observatorio y museo interactivo. La zona, de fácil acceso y con amplia oferta cultural, atrae tanto a residentes como a visitantes de la región. El público destinatario es diverso: familias, estudiantes, jóvenes y adultos, interesados en la ciencia, la astronomía y la cultura. Gracias a su ubicación estratégica, el complejo se constituye como un punto de encuentro educativo y recreativo que fortalece la identidad cultural de Rosario y contribuye a la democratización del acesso al conocimiento científico.
En los últimos años, el Complejo Astronómico Municipal de Rosario atravesó una transformación significativa en su vínculo con la comunidad y en la manera en que se piensa a sí mismo como institución cultural y educativa. La situación inicial estaba marcada por una lógica de acceso restringido: las actividades eran exclusivamente con turno u horario definido, y la planta baja estaba ocupada por oficinas. Con la muestra "Pisar la Tierra mirrar el cielo" se produjo un quiebre: la demolición de una pared dio lugar a un nuevo espacio abierto, accesible libremente al público, al que luego se sumaron una minibiblioteca y una pequeña sala de proyecciones. Este cambio material se tradujo en una apertura simbólica hacia la ciudad, habilitando el dialogo con otros saberes -populares, ancestrales, comunitarios- que antes quedaban al margen.
Este nuevo espacio permitió trabajar con públicos diversos: desde centros de día hasta personas con discapacidad visual/auditiva, además de niñas y niños de nivel inicial, en un formato con propuestas lúdicas y accesibles. La articulación con programas sociales como Nueva Oportunidad, Orillas o el CEDIF fortaleció la dimensión comunitaria y dio lugar a experiencias conjuntas como talleres de calefones solares.
Entre los puntos fuertes del Complejo se destacan su ubicación estratégica en el centro de Rosario, la gratuidad de sus actividades, la cercanía con la Universidad Nacional de Rosario, la ampliación de horarios de apertura y el hecho de construir una oferta única en la ciudad y escasa en la región: un museo de ciencias integrado a un planetario y observatorio.
No obstante, persisten limitaciones. El equipo humano resulta inficiente para la demanda creciente, y existen tensiones entre un núcleo histórico y los nuevos integrantes, lo que dificulta la consolidación de un trabajo colectivo sólido. La dependencia de financiamento externo y convocatorias limita la estabilidade de proyectos, y aún queda pendiente fortalecer la presencia territorial, ampliar los turnos para escuelas y robustecer la comunicación institucional.
De cara al futuro, el Complejo se propone ampliar los espacios de uso público, reducir la superficie destinada a oficinas, y profundizar la articulación con la UNR, con otros museos y con los distritos de la ciudad. Se proyectan propuestas inclusivas, com funciones adaptadas para personas con discapacidad visual, y programas con adultos mayores como lo es "Guías por un Día". Asimismo, se busca retomar experiencias itinerantes con el Laboratorio Móvil de Experimentación, que llevó ciencia a barrios periféricos, y avanzar en la renovación espacial y tecnológica: modernización de la planta baja del edificio, mejoras en el observatorio y puesta en valor del parque que rodea al complejo.